Corta y pega, querida. Así se arma la vida.

Me imagino riendo, llorando, emocionada, sin emoción alguna, siendo feliz, desdichada, sorprendida, entendiendo, y no entendiendo nada. También quiero ser feliz, eso también. Pero desconozco el camino para llegar a la felicidad y me aburre estar pendiente del tiempo y el espacio. Lo que yo quería era caminar, pasear, bailar, dormir, mirar una peli, escuchar música, ir al cine, tomar un fernet, irme un fin de semana a la mierda... y vivir: sosteniéndote cuando te caes, queriéndote, acompañándote, apuntalándote el camino para que pases con más tranquilidad... pero lamentablemente no puedo prometer un futuro que sea una eterna primavera. Aunque sí puedo prometer esto: despacito, sin apuro, de a poquito; lo que sea, todo, nada, eso. Pero sí existe un problema, es que yo no mido las consecuencias, yo no tengo medidas para el cariño, y por eso tengo que meter a fondo el freno de mano porque los pedales ya hace mucho que no me andan.
Pero también tengo que reconocer que soy muy irresponsable, aburrida, introvertida, vergonzosa, pajera, miedosa, perra, absorbente y celosa. Y que  en el proceso del querer me meto con el cuerpo y el alma, y me quedo atascada.
Creo que esta mierda se da porque tenía todo el peso de esta soledad, y por esa maldita costumbre de decir: "yo entiendo, yo entiendo". Pero yo me pongo en ese papel.
Aunque al final logré entender que no es ni una cuestión de tiempo, ni de obligaciones, ni de excusas, es simplemente una cuestión de ganas.

Extractos de viejos vómitos verborrágicos, unidos entre sí por las “negrita”.

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