La historia de Pablo II
Desde chica, siempre tuve un tema con la posesión de los cuerpos. Mis hombres, por pocos que hayan sido, siempre fueron míos. A algunos sigo sintiéndolos míos, años y años después. No importa qué hagan de su vida, ni con quién, siempre voy a sentir que tengo un derecho especial sobre ellos. Algunas veces, mi obsesión llega a niveles peligrosos, dañinos, complicados, jodidos. Pero vale decir, también, que entrego mucho más de lo que pido. Por eso cuando Pablo, tan descaradamente, sin conocerme, me arrancó de las garras de Javier, en un burdo intento de demostrar "está conmigo", me enamoré. Cuando se decidió a dejar de morderme el cuello, casi despiadadamente, me miró y me dijo -no me hagas hacer cosas que no me gustan. Y con esa sentencia, me besó. Mi primer pensamiento, más tarde me di cuenta de mi estupidez, fue 'me quiere toda para él, lluvia de corazones, tilín, tilín'. Ojalá alguien me hubiera gritado, en ese mismo momento, todo lo que estaba a punto de ven...