A la felicidad la golpea la rutina. A la rutina la persigue la decepción. A la decepción la baja el sufrimiento. Al sufrimiento lo noquea la frustración. A la frustración le cabe el odio. El odio CASI que no tiene remedio (solo, tal vez, un pétalo de la última flor azul madurada en el bosque el día de la primavera). Del amor al odio hay más de un paso. Del odio al amor hay un millón. Pero todos se suceden tan de prisa que la noción del tiempo ya no es nada. Nos guía un olor tan dulce que empalaga, enfermizo y hermoso. Asqueroso. Increiblemente, la mente guarda una mayor cantidad de recuerdos que los que esperamos. Recuerdo nítida, claramente cada uno de esos días. Y no solo en imágenes; también en palabras, colores, olores, sabores y sentimientos. Recuerdo cada paloma que voló, y cada una que miré. Recuerdo cada paso que dí, y casi cada palabra que dije. Recuerdo cada movimiento, los sutiles y los bruscos. Recuerdo cada acierto y cada error. Recuerdo cada lugar, cada pasto, banco, par...
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Mostrando entradas de noviembre, 2010
niña.-
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A todos nos gusta esta aniñada forma de ser. La niña dorada llena tu cabeza de problemas, te inyecta lentamente el veneno letal que finalmente te alejará de ella. La niña, que es tan dorada, brilla eternamente de una forma tan tan fría. Siempre tan fría al tacto, que se derrite al primer contacto con el fuego. La empujan, alguien la tira al centro del volcán, donde por primera vez se siente atrapada, derritiéndose en su fuego líquido. Pero no tarda en darse cuenta que ese volcán ya es antiguo, que hace mucho no conoce de fuegos y fulgores tan intensos. Ese volcán pronto comenzará a extinguirse convirtiendo todo a su alrededor en piedra. Y, en un último intento por perdurar eternamente, la niña dorada se deja ir, derretir, fundirse junto a la lava, en un intento de permanecer eternamente piedra.
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En una mesa de luz ajena, un libro: "Antología Poética, Alfonsina Storni". Mis ojos se mueven alrededor de la tapa, mis manos se dirigen suave, inconscientemente hacia el. Lo abro en una página x, cerca de la mitad. Mis ojos se enfocan de forma automática en el poema que les queda más cómodo. A medida que avanza la lectura los ojos se agrandan, las manos transpiran y el corazón palpita levemente más rápido. Finalmente el libro cae al lado de la cama, lo levanto y corro. Es que fue simplemente increíble. Acá, el poema. El Engaño Soy tuya, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo Que habrás de abandonarme, fríamente, mañana, Y que, bajo el encanto de mis ojos, te gana Otro encanto el deseo, pero no me defiendo. Espero que esto un día cualquiera se concluya, Pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres. Con voz indiferente te hablo de otras mujeres Y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya. Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso De que te pertenezca, en tu jueg...