En una mesa de luz ajena, un libro: "Antología Poética, Alfonsina Storni". Mis ojos se mueven alrededor de la tapa, mis manos se dirigen suave, inconscientemente hacia el. Lo abro en una página x, cerca de la mitad. Mis ojos se enfocan de forma automática en el poema que les queda más cómodo. A medida que avanza la lectura los ojos se agrandan, las manos transpiran y el corazón palpita levemente más rápido. Finalmente el libro cae al lado de la cama, lo levanto y corro. Es que fue simplemente increíble. Acá, el poema.

El Engaño
Soy tuya, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo
Que habrás de abandonarme, fríamente, mañana,
Y que, bajo el encanto de mis ojos, te gana
Otro encanto el deseo, pero no me defiendo.
Espero que esto un día cualquiera se concluya,
Pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres.
Con voz indiferente te hablo de otras mujeres
Y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya.
Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso
De que te pertenezca, en tu juego engañoso
Persistes, con un aire de actor del papel dueño.
Yo te miro callada con mi dulce sonrisa,
Y cuando te entusiasmas, pienso: no te des prisa,
No eres tú el que me engaña; quien me engaña es mi sueño.

Después de reelerlo, repensarlo y transcribirlo sigo con mi corazón acelerado, mis manos temblorosas en el teclado y los ojos muy, muy abiertos. Increíble.

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