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La historia de Pablo II

Desde chica, siempre tuve un tema con la posesión de los cuerpos. Mis hombres, por pocos que hayan sido, siempre fueron míos. A algunos sigo sintiéndolos míos, años y años después. No importa qué hagan de su vida, ni con quién, siempre voy a sentir que tengo un derecho especial sobre ellos.  Algunas veces, mi obsesión llega a niveles peligrosos, dañinos, complicados, jodidos. Pero vale decir, también, que entrego mucho más de lo que pido. Por eso cuando Pablo, tan descaradamente, sin conocerme, me arrancó de las garras de Javier, en un burdo intento de demostrar "está conmigo", me enamoré.  Cuando se decidió a dejar de morderme el cuello, casi despiadadamente, me miró y me dijo -no me hagas hacer cosas que no me gustan. Y con esa sentencia, me besó. Mi primer pensamiento, más tarde me di cuenta de mi estupidez, fue 'me quiere toda para él, lluvia de corazones, tilín, tilín'. Ojalá alguien me hubiera gritado, en ese mismo momento, todo lo que estaba a punto de ven...

La historia de Pablo I

Bailaba, desaforada. Las luces de colores me iluminaban brevemente a intervalos. La oscuridad mejora mi visión. Llevaba en  las manos dos vasos largos, semi vacíos. Me movía, despiadada, al son del compás. Sonaban unos tambores cubanos, que parecían quebrarme el centro del pecho.  Acerqué mi cuerpo a la barra, tomé el resto de ambos vasos, y los dejé para el olvido. Al darme vuelta, en medio de un paso de baile inventado e intrincado, me tropecé. Caí sin estabilidad alguna, sin posibilidad de salvarme, pero nunca sentí el suelo frío golpear contra mí.  Un minuto después, abrí los ojos y lo vi. Estaba toda torcida, algo magullada, medio cuerpo aplastado contra la barra, medio cuerpo aprisionado contra su pecho. Sus manos en mi cintura, tironeando de mi camisa, consiguiendo que quedemos en precario equilibrio.  Le pedí perdón, me arreglé la ropa, me di vuelta y con un gesto lo llamé a Mariano, que trabajaba al otro lado de la barra. - Traeme dos cervezas marian,...

De citas y otras yerbas.

1          1-       Una cerveza para un stalker Yo siempre me destaqué por ser una obsesiva de la vida pero, una vez, conocí a alguien peor. Mucho peor. Circunstancias de la vida, me llevaron a conocer a Joaquín. Nos vimos en persona, una vez. Tomamos unas cuantas birras en un barcito de Palermo. Uno medio pelo, bien para mí. La verdad, que Joaquín no me cayó muy bien. Militante, se pasó las ¿3, 4? Horas que estuvimos juntos, dándome cátedra de kirchnerismo. Me sentí envuelta en una especie de misión evangelizadora. Igual, le seguí la corriente, y un poco nos divertimos. Después de esa noche, lo empecé a patear. ¿Cómo le decís a alguien “no me gustas”? Como no sé cómo decirlo, seguimos hablando. Llegué a inventar las excusas más increíbles para no verlo. Desde “tengo que hacer un trámite temprano”, hasta “mi perro se intoxicó y no lo quiero dejar solo”, todo. Creo que un poco la culpa fue mía, y ese “te tiro buena onda por c...

El sinsentido.

Me llama. El agua, negra en la oscuridad de la noche. Me ilumina, y hacia ella voy. Tan calma. Caen mis ropas y vuelan, al viento. Sus dedos entrelazan mis cabellos. Toma mi cintura, y hacia ella vamos. El primer contacto duele. Tan oscura en la noche, que parece brillar.

Mi heroína IV

Lucía. Esa mezcla maravillosa de trigueña y blonda. Siempre arregladita. Siempre con una sonrisa y unos tacos matadores. Criatura de piernas largas, infinitas, siempre enfundadas en calzas de colores. Los hombres, por la calle solían gritarle cosas como “cosita hermosa” y “te morfo toda”. Esa noche estaba especial. El color del estampado de leopardo hacía resaltar esa piel trigueña, eternamente bronceada. Los tacos imposibles le daban la impresión de tener unas piernas interminables. El escote, bajo, lindo, parecía invitar a pasar la lengua. El bailecito, con saltitos cortos, al ritmo de ‘lu-na-de-miel’, con una sonrisa, linda, hermosa, en la cara y el pelo ondeando, me hipnotizaron. Me le acerqué, casi sin querer, y le di la mano. Se frenó en medio de uno de sus saltitos, me miró con la cabeza ladeada y una medio sonrisa tonta. No lo pude evitar y le di un beso. Tenía la boca suave, una boca de mujer. No sé cómo, pero siempre reconozco la boca de la mujer. El efecto del último pinc...

Mi heroína III

Lo de Tanguito, ahí es donde desperté. Ya ni me acuerdo de dónde lo sacamos a Tanguito, todo un personaje. Creo que lo conocimos en una noche de caravana en la costa atlántica, creo.  Le decimos Tanguito porque la primera vez que lo vimos, lo confundimos con Gardel. Y ahí nació esta amistad de noches extrañas, compartidas en su departamento de Congreso. Le caímos cerca de la 1, nos estaba esperando. Llevamos todo el alcohol, los restos de pizza y nuestra bolsita. Tanguito, que no escuchaba tango, enchufó dos parlantes rotosos y puso una mezcla de rock nacional desde una netbook que estaba tirada en el piso. Los pinchazos arrancaron temprano. Uno en el brazo, el siguiente en la pierna, como siempre. Todos seguimos la misma rutina, el mismo baile. En un rato, ya estábamos bailando al ritmo de algún tema de Virus, creo. Para aflojar el cuerpo. Para estirar. Las noches de los sábados siempre se caracterizan por no entender como arrancan. De repente estamos todos charlando alred...

El dilema del tiempo en el eterno.

La putrefacción de lo insano. El dolor de lo ajeno. Lo pecaminoso de lo anónimo. El placer del tiempo. Una noche sin nombres. Un cielo sin luna. La acumulación de la necesidad. La explosión de la liberación. El adiós. El eterno adiós. 

Extrañar.

La acción de extrañar. La extraña sensación de extrañar. Me invade la extraña sensación de extrañar. Propiedad. Problemas con la propiedad. Territorios. Límites. Propiedad. Espacio. Espacios. Límites. Territorios. Propiedad. Problemas. Problemas con la propiedad. Lugar. Puestos. Carrera. Territorio. Propiedad. Personas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Propiedad. Extrañar. Uno. Cuatro. Dos. Tres. Límites. Calendario. Tiempo. Espacio. Espacio. Tiempo. Minutos. Días. Horas. Semanas. Segundos. Meses. Propiedad. Problemas con la propiedad. Extrañar. Volver a extrañar. Y volver a extrañar.

A veces.

A veces cuesta explicar la felicidad, a veces la tristeza y a veces la bronca. A veces cuesta explicar la decepción, a veces la inseguridad y a veces las ideas. A veces cuesta explicar un te quiero, a veces un te extraño y a veces un no me jodas. A veces los efectos de no dormir se notan, a veces son beneficiosos y a veces no. A veces sé lo que quiero, a veces lo creo y a veces no tengo idea. A veces te deseo, a veces te quiero y a veces bien lejos. Pero solamente a veces.

Mi heroína II

La noche arrancó temprano, cerca de las 20. Raro, porque los sábados nunca arrancábamos antes de las 23. Salimos desde lo de Julio, con un par de rolas encima, pero caminando tranquilos, como si nada. Pasamos a buscar a Bárbara, que salió con una mini y alpargatas, aunque hacían 5 grados esa noche. Nos paramos los tres en la esquina, esperando que Rodrigo nos pasara a buscar en el auto, un 147 del ’89 que se caía a pedazos y siempre me ponía en estado de pánico. Rodrigo, como siempre, venía vestido como un señor, con pantalones de traje, camisa blanca y zapatos. Nunca nadie podía creerlo cuando lo veían bajar de ese coche asqueroso, y salía él. Alto, morocho, grandote. Con sus ojazos verdes y esa carita pícara. Tiene esa capacidad innata de tener a cualquier mina arrodillada en su cremallera en, más o menos, 15 minutos. Encaramos la 25 de Mayo, rápido, furiosos. Escuchando un compilado medio extraño, que mezclaba temazos de Jimi Hendrix y de repente te tiraba un ‘cumbia cobani’ de...

Mi heroína I

Despertar en un lugar extraño, ya era parte de la rutina habitual. Pero esa mañana, había algo diferente. Abrí los ojos, y tuve la extraña sensación de estar viéndome desde arriba. Desnuda, destapada, desparramado todo mi cuerpo en un colchón mugriento, en una habitación semi vacía. Al lado mío, dos personas, mujeres, también desnudas, duermen. Me duele el brazo. Bajo la mirada, para encontrar la ya conocida inflamación producida por los reiterados pinchazos de la noche anterior. Alrededor nuestro hay montones de cosas tiradas. Jeringas, cucharas amarillentas de tan quemadas, un rollo de papel aluminio arrugado, tres cajas de pizza, servilletas, vasos, botellas de cerveza, de whisky, de vodka, de tequila, y algo más que no llego a ver. Me siento en el colchón, está húmedo, pegajoso. Me paso una mano por el pelo, que también está húmedo y pegajoso. En frente mío, tirados en un sillón están ellos. Siempre son ellos. Están despiertos, mirando al vacío, quietos, callados. Me levanto y...

grises.

Ya sabemos de qué va la historia. Conoces a una persona, de las más diversas maneras. Se ven, salen, cogen y, o bien se enganchan y se ponen serios, o no se enganchan, y entonces coges un par de veces y la dilatás hasta la extinción. Pero no. No siempre es así.  Acá, vengo recogiendo (si, re-cogiendo) todas mis variantes: 1- no me da bola 2- me enganché y él no 3- me tiene los ovarios llenos y no me lo puedo sacar de encima 4- le dijo "te quiero" y me contestó gracias 5- está casado y quiero que se separe 6- está casado y me hace el noviecito 7- me dijo "te quiero" y no supe dónde meterme 8- me dijo "te amo" el mismo día que le iba a cortar 9- lo quiero para coger y me hace escenitas de celos 10- ya no sé que mierda hacer para que me cele un poco 11- NO LO ENTIENDO 12- prefiere a la computadora antes que a mi 13- me dice que le importo y después chamuya en público, impunemente. Elegí la tuya.

#dmdecoger

● Vení a casa, tomamos algo, dale? ● Dale, pasame tu dire por wasap. ● Joya, te espero con birra :) ● Una cuadra, bajá nena. –Hola. –Hola. Yo le di un abrazo, me pareció una de esas personas que se lo merecen. Lo deje un poquito sorprendido. –Vení, por acá, es en el primer piso. Llegaste bien? Entramos. Situación incómoda, romper el hielo en un lugar tan íntimo. Siempre me siento especialmente cómoda en mi casa. Mi territorio. –Sentate, ahí cambio la música. –Bueno, igual pone lo que quieras. Pobre, es lindo, muy. Parece torpe. Siento que lo saqué de su zona de confort, mucho. Yo, me muevo tranquila. –Cerveza? –Sí, dale. Me pongo eficiente, saco los dos vasos que tenía preparados. Destapo la birra. Le quiero dar algo para hacer. –Servís vos? Soy malísima. La quiero con espumita. Ahí lo descontracturé. Me di vuelta y agarré el porro que había dejado armado. –Mira, como te prometí.  Me sonrió, con la cerveza en la boca. Una sonrisita. Me lo quise morfar. Me contuve...

Una resaca y un arrepentimiento.

Abro los ojos. Los cierro. ¿Dónde carajo estoy? Ah, si, Nicolás. ¿Dónde se metió? Me siento en la cama, empiezo a tantear el piso con los pies. Mi ropa. La veo doblada y acomodada arriba de una silla. Si, ya se. Este pibe es un obseso del control, por eso me gusta. Pero me gusta de noche, todo depravadito. De día, no. De día tiene un TOC. Me quiero ir. No lo escucho por ningún lado. Seguro fue a comprar café y esta discutiendo en starbucks porque no se lo dieron tal cual como lo pidió. Yo me cambio y me tomo el palo. ¿por qué sigo cayendo con este idiota? Y si, se me vino un flash de anoche a la mente. El brillo del metal de las esposas, iluminadas por la luz de la ventana. Si, por eso. Si, ya se. Y porque tomas cerveza también, boluda. Y sabes que las burbujitas no te caen bien. Me terminé de cambiar. Agarre la llave de repuesto que tiene perfectamente acomodada en un perfecto cajón de su cajonera perfecta. Reviso que este todo en la cartera y escucho la puerta. Me siento en la cama,...

Una cerveza y un amor.

Es viernes. Llegó el viernes. Los viernes son de amor, ¿no? Venís acumulando ganas de toda la semana. Cargaste la mochila 9 horas por día, en una oficina llena de gente que tiene un millón de cosas para pedir, y ni una para ofrecer. Pero llegó el viernes. Estas sucia, estas cansada. La mente te pide las 10 horas de sueño que le quedaste debiendo. Pero tu cuerpo sabe que es viernes. Y, los viernes son de amor. Llegas, son las 7. Pensás, como siempre, en por qué no pensaste en esto más temprano. Pero el trabajo, siempre el trabajo. Agarras el celular, revisas mails, chats, redes y mensajes. Buscas víctima. O victimario, como más te guste. No te decidís. Tu cabeza sigue gritando almohada. Pero algo, ahí, por debajo de la panza, te hace mandar 3 mensajes. 1-       ¿Qué haces hoy?  2-       Trabajas?  3-       Hola, lindo :) Te decidís. Te sacas la ropa, y en lugar de sentarte a esper...

Tratado sobre la inseguridad.

Cerrá los ojos. Dale, cerralos. Bien. Ahora imagínate adentro de un cuarto, tamaño baño, ponele. ¿Estás ahí? Bueno. ¿Tiene ventanas? Sacalas. ¿Hay puerta? Olvidate. El piso es frio, de cerámica. Las paredes de cemento. No hay color. O si, imagínatelo gris. ¿Me seguís? Mira el techo. Ahora bájalo, que te quede a 5 centímetros. Listo. Sentate en el piso. Cruzate de piernas. Abrazate. Mira para adelante y elegí un punto fijo en la pared. Hay un par de ojos, conocidos. Los que más quieras, los que más te gusten. Te miran, miralos. Te miran sin pestañear. Se multiplican. Ahora toda la pared está llena de esos ojos. Son ojos queridos, conocidos. Sentís cosquillas en la espalda, te vas vuelta repentinamente. De la nada, caes en la cuenta que los ojos llenan las cuatro paredes. Siempre es el mismo par de ojos. Respira. Sentí todas esas miradas. Contené el aliento. Sentí el peso de esos ojos. Sentí como te envuelven las pestañas. ¿Sentís? Bien. Sentí las miradas. ¿Qué estarán mirando todo...

La Razón de mi Vida

Acá va la introducción de La Razón de mi Vida, de Eva Perón.  Cómo esperaban que sea, si mi ideal de mujer es este? ♥ Este libro ha brotado de lo más íntimo de mi corazón. Por más que, a través de sus páginas, hablo de mis sentimientos, de mis pensamientos y de mi propia vida, en todo lo que he escrito, el menos advertido de mis lectores no encontrará otra cosa que la figura, el alma y la vida del General Perón y mi entrañable amor por su persona y por su causa. Muchos me reprocharán que haya escrito todo esto pensando solamente en él; yo me adelanto a confesar que es cierto, totalmente cierto. Y yo tengo mis razones, mis poderosas razones que nadie podrá discutir ni poner en duda: yo no era ni soy nada más que una humilde mujer... un gorrión en una inmensa bandada de gorriones... Y él era y es el cóndor gigante que vuela alto y seguro entre las cumbres, cerca de Dios. Si no fuese por él, que descendió hasta mí y me enseñó a volar de otra manera, yo no hubiese sabido nu...

Nola.

-Late, late, late, nola, late, late, para! Volvé. No, esa no. Una más. Esa! Nola! La quiero, la quiero, la quiero. -Pero no! Esa es re dificil. ¿sabés lo que me costó conseguirla? -Siempre lo mismo vos, nena. Siempre peleando por las figuritas. Cortala, querés? -No abu, no. Ahora la tengo que tener.  La historia de mi vida.

Reflexiones

Siempre pierdo por la misma razón. Es cansador. Y tampoco puedo cambiar esto que soy. ¿Qué quieren que haga? Sacan conclusiones acerca de mi vida, mi persona, mi condición social y mi carácter, sólo con mirarme la cabeza. Es lo mismo siempre, in eternum. Lo de afuera parece pertenecer a un lugar, que me es lejano. Y lo de adentro, estoy segura, pertenece a otro lugar, cercano; pero que, aún hoy, me es ajeno. Ajeno, por que aunque estire y estire los brazos, siempre hay alguien que no me permite alcanzarlo. A veces gano una batalla. A veces consigo momentos robados. Pero al final, la vida se hace de pequeñas victorias, o así me enseñaron a mi.   Por la vida, con los tacos de punta.

#Doroga III

–Al fin me contestas! –Hola. –Estabas dormida? Contame todo, qué pasó? –Nos re dimos. –Me imaginé. Sos una hija de puta. –Por qué? –Porque te conozco, lo provocaste. –Sí, pero yo no avancé. Él se levantó, se me acercó y me dijo: sigo? –Y seguiste. –Más vale. –Hola. –Hola. –Cómo estás? –No sé. –Querés hablar? –No. –Hola, puedo ir a tu casa? –Ahora? –Sí. –Bueno, dale. [Ahora sí. Se pudrió todo. Yo sabía que no tenía que provocarlo. ¿Cómo mierda le digo que me separé? No quiero que piense que fue por él. Pero fue por él. No le voy a decir nada.] –Me separé. –Yo también. Estampada en el hall del edificio. Subimos a los trotes. Nos empezamos a sacar la ropa antes de entrar. Nos tiramos en el sillón, desesperados. Le arranqué la camisa. Le vi el tatuaje. Me acordé de todo. Frené en seco. –¿Qué vamos a hacer? –Callate. –Pero.. –Callate, por favor. Ahora no. Seguimos, con todo. Por instinto. Sin pensar. Animal. Con bronca. A lo bruto. –Te puedo abrazar? –Obvio. –Vení, más cer...

En el mar, un silencio.

Una de las primeras cosas que descubrió en Almagro, fue el pasaje comprendido por las calles Lezica y Ángel  Peluffo. Ahí, a un pasito de todo. Lo descubrió un sábado a las 8 am, caminando por ahí. Dobló sin darse mucha cuenta, y de repente, no escuchó más que el sonido de sus pasos. Paró. Se sentó en el cordón. Escuchó. Nada. Es un efecto raro, en la ciudad se hacen difíciles los silencios. Desde esa mañana, cada tanto, siempre un sábado, va y se sienta ahí. Mira el asfalto y espera. Sabe que existen otros locos del silencio. No está sola, no.

#Doroga II

–Hola. Me estampa un beso en la frente. –Qué haces? –Si no te puedo enchufar un beso en la boca, por lo menos que me quede elegir el lugar de la cara, no? –Mmm. –Cómo estás? –Bien. Quiero saber cómo estás vos. –Bien, quiero hablar con vos. –De nuevo con este tema no, por favor. Siete meses pasaron, ya. –Conocí a alguien. –Qué? Vos? Dónde? –Sí, yo, tarada. En un recital de La Bomba. –Hace cuánto? –Tres meses. –Te pusiste de novio, boludo. –Sí. –Uff. Te felicito. –Qué te agarró? –Nada. –Hola? –Hola amiga. –Qué pasó? –Me pidió de vernos, para charlar. –Sí, y? –Y que me tira que conoció a alguien en el Konex hace tres meses, y que hace dos que está de novio. –Me estás jodiendo. Buen, re bien. Ahora no te va a romper más las bolas. –Pero, es que a mí me gustaba un poco que me rompiera las bolas. –Hola. Me da un beso en la mejilla. –Hola. Lo abrazo. Entramos. Prendemos uno, son flores de las buenas. Pongo su cd favorito en loop. Me puse el vestidito corto que le gustaba. A él se le...

Que me pregunten por qué soy peronista

Que me pregunten por qué soy peronista. Que me pregunten por qué me empezó a interesar lo que pasaba en mi país. Que me pregunten. No me da vergüenza. Estoy segura que no soy la primera, la única, ni la última. Que me pregunten, y les voy a contestar: me enamoré. No, no me enamoré de la política, ni de un político. No. Me enamoré de un pibe, uno de esos comunes y corrientes, que posiblemente nadie mire dos veces. Todavía me acuerdo la noche que lo conocí. Estábamos ahí en Plaza Dorrego, en San Telmo. Estábamos ahí, tomando birra y "festejando" el fin de una cursada más. Estábamos ahí los compañeros de clase, chicos lindos de clase media, chicas lindas y bien empilchadas. Estábamos ahí, no importa quienes, y todos se empezaron a ir. Yo me sentí libre esa noche, vaya uno a saber por qué. Me acuerdo que en ese mismo momento estaba tocando SOJA en Palermo. Me acuerdo que no pude ir por esta clase. Me acuerdo que mi hermana me llamó cuando tocaron mi canción favorit...

#Doroga

Miro adelante, aparecen manchas en la pared. O ya estaban, no sé. A lo mejor siempre estuvieron ahí, esperándome. A lo mejor sólo recién decidieron hacerse visibles. Manchas en la pared. A medida que las veo, se hacen más nítidas. Me voy a hacer un té. Lo pienso, pero no me muevo, porque mis ojos siguen mirando las manchas en la pared, que empiezan a tomar forma, y dibujan una escena conocida. -Qué haces? –Nada, por? –Voy, dale? –Bueno, dale. Siempre fuimos así, de pocas palabras. Nos manejamos a los bifes, a los gritos, a los empujones. Creemos que nos queremos. Tal vez si, quizás no. Suena el timbre. Me levanto, abro la puerta, bajo. Le abro, me estampa contra la pared. –Que costumbre de mierda, eh. – Te encanta. –Sí, pero tengo vecinos, pelotudo. –Dale, déjate de joder y subamos. Subimos. Abro. Pasamos. Me estampa contra la puerta. –Acá ya está mejor? –No queres tomar unos mates? –No. –Dale, charlemos. –Qué te pasa, pelotuda? Desde cuando vengo a charlar yo? –...