#Doroga


Miro adelante, aparecen manchas en la pared. O ya estaban, no sé. A lo mejor siempre estuvieron ahí, esperándome. A lo mejor sólo recién decidieron hacerse visibles. Manchas en la pared. A medida que las veo, se hacen más nítidas. Me voy a hacer un té. Lo pienso, pero no me muevo, porque mis ojos siguen mirando las manchas en la pared, que empiezan a tomar forma, y dibujan una escena conocida.

-Qué haces? –Nada, por? –Voy, dale? –Bueno, dale. Siempre fuimos así, de pocas palabras. Nos manejamos a los bifes, a los gritos, a los empujones. Creemos que nos queremos. Tal vez si, quizás no. Suena el timbre. Me levanto, abro la puerta, bajo. Le abro, me estampa contra la pared. –Que costumbre de mierda, eh. – Te encanta. –Sí, pero tengo vecinos, pelotudo. –Dale, déjate de joder y subamos. Subimos. Abro. Pasamos. Me estampa contra la puerta. –Acá ya está mejor? –No queres tomar unos mates? –No. –Dale, charlemos. –Qué te pasa, pelotuda? Desde cuando vengo a charlar yo? –No, bueno.. prendamos un faso, dale? –Dale, qué te pasa? –Ehm? Nada, nada.
Nos sentamos. Saco un faso de una lata. Lo prendo. Pito fuerte. Cierro los ojos, lucho por no ahogarme. Abro los ojos despacio. Le paso el faso. Me mira durante todo el proceso, como si me quisiera leer la mente. –Qué pasa, no queres coger hoy? –Conocí a alguien. –Qué? Cuando? –Hace dos meses. –Y es un problema? –Me estoy enganchando. –Me vas a fletar? –No sé. –Decímela de una, no me des vueltas. –Bueno, sí. No quiero, pero sí. No te quiero boludear. –No estoy enamorado de vos, no me importa que estés con otro, tarada. –Bueno, pero igual. –Uff. Buen, uno de despedida para el recuerdo? –Dale.

Las manchas en la pared vuelven a ser una mancha gris sin forma. Me levanto, pongo la pava y saco las cosas para el té. Me vuelvo a sentar. Vuelvo a mirar la pared, vuelven a aparecer las manchas. Arranca todo otra vez, ya lo se.

-Te quiero. –En serio? Desde cuando? –Desde siempre, pelotuda. –Nunca me lo habías dicho. –Porque no quería que te enganches. –Ah, y me lo decís ahora, que yo ya me enganché con otro? –No, te lo digo ahora porque quiero que vuelvas. –Qué?

Me distrae el ruido del vapor saliendo de la pava. Me levanto, la apago. Calo una pitada honda. Me ahogo. Hago el té, me vuelvo a sentar. Pongo música. Evito mirar la pared. La pared me encuentra. Otra vez.

-Dale, dale, dale. –Más fuerte? –Sí, sí, sí. // -Te gustó? –Qué preguntas más pelotudas me haces, a veces. –Te extrañaba. –Qué te pasa? –Nada, te extrañé. –Desde cuando abrazas, vos? –Buen nena, qué queres? –Quiero que me expliques que haces acá, y porqué siempre terminamos cogiendo. –Seguís con el otro? –Sí. –Lo vas a dejar? –No. –Entonces no tengo nada que explicarte. Cogimos porque dio, punto. –Sos un pelotudo. –Un pelotudo que te quiere. –Bueno, yo un poco que también.

El té se enfrió. Me lo mando de un trago. Ahora sí, de verdad, le esquivo la mirada a la pared. Meto la taza en la pileta. Respiro hondo, le doy tres pitadas largas, seguidas, casi sin respirar. Guardo todo y, mirando el piso, me voy a acostar.

Comentarios

  1. Por ahora, sólo seré un anónimo que te felicita por el texto. Pude vivirlo. Lo demás no importa, saludos y a full con frase corta.

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    1. Muchas gracias. Los prefiero con nombre, pero le acepto el anónimo. Saludos.

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