Tratado sobre la inseguridad.


Cerrá los ojos. Dale, cerralos. Bien. Ahora imagínate adentro de un cuarto, tamaño baño, ponele. ¿Estás ahí? Bueno. ¿Tiene ventanas? Sacalas. ¿Hay puerta? Olvidate. El piso es frio, de cerámica. Las paredes de cemento. No hay color. O si, imagínatelo gris. ¿Me seguís?
Mira el techo. Ahora bájalo, que te quede a 5 centímetros. Listo. Sentate en el piso. Cruzate de piernas. Abrazate. Mira para adelante y elegí un punto fijo en la pared. Hay un par de ojos, conocidos. Los que más quieras, los que más te gusten. Te miran, miralos. Te miran sin pestañear. Se multiplican. Ahora toda la pared está llena de esos ojos. Son ojos queridos, conocidos.
Sentís cosquillas en la espalda, te vas vuelta repentinamente. De la nada, caes en la cuenta que los ojos llenan las cuatro paredes. Siempre es el mismo par de ojos. Respira. Sentí todas esas miradas. Contené el aliento. Sentí el peso de esos ojos. Sentí como te envuelven las pestañas. ¿Sentís? Bien. Sentí las miradas. ¿Qué estarán mirando todos esos ojos? ¿Qué están pensando esos ojos? Te miran a vos. Te juzgan a vos. Y no te podes mover. Tenes las piernas duras. Y de nuevo, todo es gris. ¿Estás cansado? Bienvenido.

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