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Mostrando entradas de febrero, 2026

Destinos

Compatibilidad no es destino ¿Existe el destino? A veces no duele soltar a una persona. Duele soltar la versión de vos que fuiste. O la que podrías haber sido. Duele entender que, en la vida, algunas personas son estaciones,  no el destino final. Y más duele descubrir que la estación eras vos. Luminosa en el encuentro, pero no en la permanencia. Insistís. Confundiendo intensidad con señales. Química con promesas. Hasta que recordás que no todo lo que encaja está hecho para quedarse.

Casi algo

Supervivencia. Esa era la palabra que buscas. Estas intentando sobrevivir. ¿A qué? A él. En la era de los casi algo, el único remedio que encontraste fue el contacto cero. No lo ghosteaste.  Técnicamente él lo hizo primero. Vos seguís ahí. Siempre estuviste. Solo que ya no lo buscas. No le escribis. No le mandas reels que te hacen pensar en él. No miras sus stories. Ni siquiera un corazón. Pero pensas. Todo el tiempo. Como si el silencio también tuviera notificaciones. Lo peor de soltar un casi algo, es que no hay nada para odiar. Nada para perdonar. No se rompieron promesas. Nunca las hizo. Solo pequeños gestos de amor seguidos de días enteros de ausencia. Solo migas. Las suficientes para que te quedes. Las suficientes para que nunca sea suficiente. Vas a lograr irte el día que entiendas que el contacto cero no es con él. Es con la parte de vos que sigue esperando algo que nunca empezó. Porque no es su ausencia lo que duele. Es aceptar que no fue nada.

Los de Adentro - Parte V: Vicky

Lo miré largo. Demasiado.  Con esa mezcla de ternura y tristeza que solo aparece cuando algo es real y ya no puede seguir siendo negado. —Yo también —dije. Él apoyó su frente en la mía. Respiramos el mismo aire. Su mano buscó mi cintura. Lenta. Sigilosa. Como si tuviera miedo de quemarse al tocarme. Apoyé la frente en su pecho un segundo. Respiré. Levanté la mirada. Y sí. Pasó. Nos olvidamos del paraguas. La lluvia nos mojaba lenta. Las manos, frenéticas, se ocuparon de la piel. Años de conversaciones profundas. Miradas compartidas. Abrazos de despedida apenas más largos de lo socialmente aceptable. Cuando por fin nos separamos, ahora sí completamente empapados, nos miramos y no pudimos evitar una carcajada. No sabíamos cómo iba a seguir esta historia. A quién iba a dolerle. Pero ya no importaba. Porque por primera vez habíamos elegido dejar de imaginar. ♡

Los de Adentro - Parte IV: Iván

Era 10 de enero. Ya 11, en realidad. Llovía. Una lluvia inesperada que nos obligó a correr. Ella no había traído paraguas. Yo sí. Así que la acompañé al auto. Una cuadra. Todavía tenía en la cabeza la sensación de esa mirada cuando se tocaron nuestras manos sin querer en la cocina. No sabía qué pensar. ¿Fue real? Caminamos juntos bajo el paraguas, demasiado juntos para dos personas que llevaban ocho años guardando una distancia tan necesaria como peligrosa. Cuando estuvimos al lado del auto, algo se apoderó de mí. Casi se me escapó. Sin querer. La miré fijo y dije: —A veces pienso que si te hubiera conocido en otro momento… No terminé la frase. No hizo falta.

Los de Adentro - Parte III: Vicky

Lo conocí en un trabajo, allá por el 2018. Yo recién separada. Él, felizmente de novio. Yo, remil enamoradiza. Él, un varón hecho y derecho. Al principio casi no hablamos. Nos mezclamos en un grupo de compañeros que no podía más de raro y hermoso. Nos hicimos amigos. Todos. Nos juntábamos religiosamente cada dos meses para hacer un asado al que llamábamos La Misa. Nadie faltaba. Nunca. Mucho menos él. Mucho menos yo. Iván no es una persona fácil de describir. Cuando lo conocí me volvía loca… y no en el buen sentido. Su forma de trabajar no iba con la mía. Su forma de hablar me resultaba exasperante. Sus mil vueltas para todo me daban ganas de gritar. Y un día, algo cambió. De repente, su pelo revuelto me resultó simpático. Su camisa recién planchada a las nueve de la mañana y desaliñada a las seis de la tarde me llamaba la atención. Me encontraba mirando la línea de sus hombros mientras sacaba fotocopias. Me perdía en sus ojos en cada conversación. Y, Dios, esos ojos. Ojos color miel. ...

Los de Adentro - Parte II: Iván

 Nos conocimos en un trabajo. Éramos bastante chicos todavía. Unos treinta. Yo ya estaba saliendo con Euge. Armamos un grupo de amigos raro y hermoso. Duramos unos años todos juntos, y después empezaron a volar. Pero ese grupo siempre quedó. Una vez cada dos meses nos juntábamos, parrilla de por medio. Siempre era una fiesta. Y yo no faltaba nunca. No sé si por ellos… o por ella. Nuestras charlas siempre me dejaban recalculando. Era como tener una cita bimestral con la psicóloga, la psiquiatra, la astróloga, la tarotista y el amor de tu vida. Todo en uno. Me gusta porque me hace pensar. Me saca de mi eje. Me desafía a cuestionar mis creencias. Y nunca, pero nunca, me insinuó nada más que su más sincera amistad. ¿Yo? Feliz. Tenía todo lo que quería. Una familia feliz. Una pareja feliz. Una hija feliz. Y la sensación de adrenalina de esperar esa cita que era todo y no era nada al mismo tiempo. Ella cubría los agujeros que se iban abriendo en el resto de mi vida. Me tapaba cuando hací...

Los de afuera - Parte I

Era ese grupo de amigos que nadie sabía bien cómo se había formado. Edades, gustos y vidas dispares. Nadie se lo preguntaba tampoco. Cada vez que se reunían era una fiesta. Y ahí estaban ellos dos. Siempre. Llegaban separados. Se iban separados. Dormían separados, porque en sus camas yacían otras personas. Había un magnetismo que se sentía como electricidad en el aire. No hacían nada raro. No había miradas furtivas ni gestos románticos. Simplemente se movían al unísono, como si fueran uno. Como si llevaran una vida juntos. Y no se vieran una vez cada dos meses. Quien llegaba primero siempre dejaba un lugar a su lado. Y todos lo sabían. Todos sabían que el otro iba a ocupar ese lugar, de alguna manera. Sus charlas eran intensas, profundas, nunca desubicadas. Sus gustos, similares. Compatibles. Complementarios. Sus personalidades encajaban como dos piezas de un rompecabezas. Cuando estaban juntos, el universo se sentía en orden. Todo era natural. Él. Varón. Rudo. Algo tosco a primera vis...