Los de afuera - Parte I

Era ese grupo de amigos que nadie sabía bien cómo se había formado.

Edades, gustos y vidas dispares.

Nadie se lo preguntaba tampoco.

Cada vez que se reunían era una fiesta.

Y ahí estaban ellos dos. Siempre.

Llegaban separados.

Se iban separados.

Dormían separados, porque en sus camas yacían otras personas.

Había un magnetismo que se sentía como electricidad en el aire.

No hacían nada raro.

No había miradas furtivas ni gestos románticos.

Simplemente se movían al unísono, como si fueran uno.

Como si llevaran una vida juntos.

Y no se vieran una vez cada dos meses.

Quien llegaba primero siempre dejaba un lugar a su lado.

Y todos lo sabían.

Todos sabían que el otro iba a ocupar ese lugar, de alguna manera.

Sus charlas eran intensas, profundas, nunca desubicadas.

Sus gustos, similares. Compatibles. Complementarios.

Sus personalidades encajaban como dos piezas de un rompecabezas.

Cuando estaban juntos, el universo se sentía en orden.

Todo era natural.

Él. Varón.

Rudo. Algo tosco a primera vista.

Un dulce de leche.

Todo sentimientos y familiaridad.

De esas personas que abrazan con la mirada.

Que incluyen. Que quieren.

Ella, un torbellino.

A primera vista, un quilombo.

Eléctrica. Inquieta.

Después, todo servicio.

Siempre pensando en un otro.

Toda sensibilidad y contacto físico.

Juntos, un combo explosivo.

Desde afuera se notaba la electricidad que corría entre ellos con cada gesto, cada mirada, cada contacto físico involuntario.

Nunca logramos entender cómo no se daban cuenta.

Todos lo veíamos.

Y ellos actuaban tan naturales. Tan despreocupados.

Como si no se les prendiera fuego la piel cuando estaban juntos.

Vaya uno a saber lo que les pasaba por dentro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los de Adentro - Parte V: Vicky

Casi algo

Sin palabras.