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Mostrando entradas de mayo, 2013

A veces.

A veces cuesta explicar la felicidad, a veces la tristeza y a veces la bronca. A veces cuesta explicar la decepción, a veces la inseguridad y a veces las ideas. A veces cuesta explicar un te quiero, a veces un te extraño y a veces un no me jodas. A veces los efectos de no dormir se notan, a veces son beneficiosos y a veces no. A veces sé lo que quiero, a veces lo creo y a veces no tengo idea. A veces te deseo, a veces te quiero y a veces bien lejos. Pero solamente a veces.

Mi heroína II

La noche arrancó temprano, cerca de las 20. Raro, porque los sábados nunca arrancábamos antes de las 23. Salimos desde lo de Julio, con un par de rolas encima, pero caminando tranquilos, como si nada. Pasamos a buscar a Bárbara, que salió con una mini y alpargatas, aunque hacían 5 grados esa noche. Nos paramos los tres en la esquina, esperando que Rodrigo nos pasara a buscar en el auto, un 147 del ’89 que se caía a pedazos y siempre me ponía en estado de pánico. Rodrigo, como siempre, venía vestido como un señor, con pantalones de traje, camisa blanca y zapatos. Nunca nadie podía creerlo cuando lo veían bajar de ese coche asqueroso, y salía él. Alto, morocho, grandote. Con sus ojazos verdes y esa carita pícara. Tiene esa capacidad innata de tener a cualquier mina arrodillada en su cremallera en, más o menos, 15 minutos. Encaramos la 25 de Mayo, rápido, furiosos. Escuchando un compilado medio extraño, que mezclaba temazos de Jimi Hendrix y de repente te tiraba un ‘cumbia cobani’ de...

Mi heroína I

Despertar en un lugar extraño, ya era parte de la rutina habitual. Pero esa mañana, había algo diferente. Abrí los ojos, y tuve la extraña sensación de estar viéndome desde arriba. Desnuda, destapada, desparramado todo mi cuerpo en un colchón mugriento, en una habitación semi vacía. Al lado mío, dos personas, mujeres, también desnudas, duermen. Me duele el brazo. Bajo la mirada, para encontrar la ya conocida inflamación producida por los reiterados pinchazos de la noche anterior. Alrededor nuestro hay montones de cosas tiradas. Jeringas, cucharas amarillentas de tan quemadas, un rollo de papel aluminio arrugado, tres cajas de pizza, servilletas, vasos, botellas de cerveza, de whisky, de vodka, de tequila, y algo más que no llego a ver. Me siento en el colchón, está húmedo, pegajoso. Me paso una mano por el pelo, que también está húmedo y pegajoso. En frente mío, tirados en un sillón están ellos. Siempre son ellos. Están despiertos, mirando al vacío, quietos, callados. Me levanto y...

grises.

Ya sabemos de qué va la historia. Conoces a una persona, de las más diversas maneras. Se ven, salen, cogen y, o bien se enganchan y se ponen serios, o no se enganchan, y entonces coges un par de veces y la dilatás hasta la extinción. Pero no. No siempre es así.  Acá, vengo recogiendo (si, re-cogiendo) todas mis variantes: 1- no me da bola 2- me enganché y él no 3- me tiene los ovarios llenos y no me lo puedo sacar de encima 4- le dijo "te quiero" y me contestó gracias 5- está casado y quiero que se separe 6- está casado y me hace el noviecito 7- me dijo "te quiero" y no supe dónde meterme 8- me dijo "te amo" el mismo día que le iba a cortar 9- lo quiero para coger y me hace escenitas de celos 10- ya no sé que mierda hacer para que me cele un poco 11- NO LO ENTIENDO 12- prefiere a la computadora antes que a mi 13- me dice que le importo y después chamuya en público, impunemente. Elegí la tuya.

#dmdecoger

● Vení a casa, tomamos algo, dale? ● Dale, pasame tu dire por wasap. ● Joya, te espero con birra :) ● Una cuadra, bajá nena. –Hola. –Hola. Yo le di un abrazo, me pareció una de esas personas que se lo merecen. Lo deje un poquito sorprendido. –Vení, por acá, es en el primer piso. Llegaste bien? Entramos. Situación incómoda, romper el hielo en un lugar tan íntimo. Siempre me siento especialmente cómoda en mi casa. Mi territorio. –Sentate, ahí cambio la música. –Bueno, igual pone lo que quieras. Pobre, es lindo, muy. Parece torpe. Siento que lo saqué de su zona de confort, mucho. Yo, me muevo tranquila. –Cerveza? –Sí, dale. Me pongo eficiente, saco los dos vasos que tenía preparados. Destapo la birra. Le quiero dar algo para hacer. –Servís vos? Soy malísima. La quiero con espumita. Ahí lo descontracturé. Me di vuelta y agarré el porro que había dejado armado. –Mira, como te prometí.  Me sonrió, con la cerveza en la boca. Una sonrisita. Me lo quise morfar. Me contuve...

Una resaca y un arrepentimiento.

Abro los ojos. Los cierro. ¿Dónde carajo estoy? Ah, si, Nicolás. ¿Dónde se metió? Me siento en la cama, empiezo a tantear el piso con los pies. Mi ropa. La veo doblada y acomodada arriba de una silla. Si, ya se. Este pibe es un obseso del control, por eso me gusta. Pero me gusta de noche, todo depravadito. De día, no. De día tiene un TOC. Me quiero ir. No lo escucho por ningún lado. Seguro fue a comprar café y esta discutiendo en starbucks porque no se lo dieron tal cual como lo pidió. Yo me cambio y me tomo el palo. ¿por qué sigo cayendo con este idiota? Y si, se me vino un flash de anoche a la mente. El brillo del metal de las esposas, iluminadas por la luz de la ventana. Si, por eso. Si, ya se. Y porque tomas cerveza también, boluda. Y sabes que las burbujitas no te caen bien. Me terminé de cambiar. Agarre la llave de repuesto que tiene perfectamente acomodada en un perfecto cajón de su cajonera perfecta. Reviso que este todo en la cartera y escucho la puerta. Me siento en la cama,...