Una resaca y un arrepentimiento.
Abro los ojos. Los cierro. ¿Dónde carajo estoy? Ah, si, Nicolás. ¿Dónde se metió? Me siento en la cama, empiezo a tantear el piso con los pies. Mi ropa. La veo doblada y acomodada arriba de una silla. Si, ya se. Este pibe es un obseso del control, por eso me gusta. Pero me gusta de noche, todo depravadito. De día, no. De día tiene un TOC. Me quiero ir. No lo escucho por ningún lado. Seguro fue a comprar café y esta discutiendo en starbucks porque no se lo dieron tal cual como lo pidió. Yo me cambio y me tomo el palo. ¿por qué sigo cayendo con este idiota? Y si, se me vino un flash de anoche a la mente. El brillo del metal de las esposas, iluminadas por la luz de la ventana. Si, por eso. Si, ya se. Y porque tomas cerveza también, boluda. Y sabes que las burbujitas no te caen bien. Me terminé de cambiar. Agarre la llave de repuesto que tiene perfectamente acomodada en un perfecto cajón de su cajonera perfecta. Reviso que este todo en la cartera y escucho la puerta. Me siento en la cama, derrotada. De repente, se me viene otra imagen. Plumas y una mordaza. Y buen. Una resaca, y un arrepentimiento.
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