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Cinco Minutos.

Puse en marcha el reloj de la partida, tu en las negras yo en las blancas, y viceversa a la vez. Es el juego de los placeres personales modernos del siglo XXI, rápidos e intensos. Y así arrancamos, tú con el peón adelante, sumiso y remolón, y yo con el caballo en busca de victoria. El tiempo que avanza sobre la arena (si el reloj se quedara sin ella, sería feliz en el eterno). Son menos de diez minutos en total, dado que el juego se nos da así de rápido. Y, en esos diez minutos que a veces también se nos pueden hacer eternos, yo busco tu reina incansablemente, dado que es aquella que quiero tumbar, para ganar en este juego. Escurridiza reina que se me escapa, pero te la sigo sin dudar con este caballo que a veces hasta me resulta feroz. Y hasta ahí, esto parece solo un juego de dos. Cinco minutos por persona. A lo mejor eso es todo lo que se nos permite. A lo mejor eso es todo lo que podemos esperar. A lo mejor es que son sólo cinco minutos y nada más. Pero es que esa reina se me...

De plastilina.

Me encontraste cuando ya estaba algo gastada, reseca y sin color. Me tiraste un poquito de agua, y me amasaste para darme todas esas formas que necesitabas. Un día, yo era un oído. Otro día, tenía forma de corazón. Alguna vez tallaste en mi el retrato de un amigo querido. A veces fui solo un par de brazos fuertes. Creo, que también llegué a ser una mano. Una noche, me descubrí cinco puntas, y de repente era una estrella; aproveché para robarme unos cuantos sueños y bajarlos para acá. Varias veces, fui dos zapatillas medio desgastadas, pero dispuestas a llevarte dónde sea. También me convertiste en ojo, a ver si veía lo que vos no. Fui una boca, innumerables veces, y dije e hice de todo. Me convertiste en una cabeza, y dedicaste tardes enteras a enterrarme papelitos con ideas. Alguna que otra vez, creo que fui un motor chiquito...en fin.
Lo que me dice que NO HAGA. - No quejarme de pelotudeces. - No enumerar acciones (con números, del estilo "primero esto, segundo aquello). - No sacar mi alma tana calentona por cualquier cosa. - No hablar con números (monetariamente). - No mirar televisión (por lo menos, no programas idiotas, y no más de 1 o 2 hrs por día) - No pasarme el día conectada a internet. - No pensar "Qué me pongo?" - No fumar. - No preocuparme por el entorno. - No imponerme metas más allá de mi alcance. - No estresarme. - No estudiar demasiado, ni demasiado poco. - No preocuparme tanto por la opinión ajena. - No autoflagelarme. Lo que DEBO hacer. - Escuchar mucha radio. - Escuchar, aprender, memorizar y cantar miles de millones de canciones de todo tipo. - Mirar muchísimos videos en youtube. - Mantenerme informada en general, y particularmente sobre política nacional. - Consumir cantidades extraordinarias de cine nacional. - Probar todo, a...

Querido Sui Generis

Como un poema de Alfonsina. También esto cae del cielo en el momento justo. Poco a poco vos te conformas si no es amor es tuya igual y vos le das lo que te pida Pero si te ofrecen el final Dirás: igual me he de quedar porque soy yo, porque es mi vida.... Cosas que te salvan de pensar..

Sshh

Diferente se siente la música. Suaves se sienten las teclas que me expresan. Lento pasa el tiempo. Estar haciendo nada y todo, estar sentada con gente desconocida en la cocina de toda la vida; y ver y escuchar aquello que no me pertenece, y reirme de cosas que no entiendo. De repente, nada se entiende. Es que pienso en todo, y no veo nada, y creo que los pensamientos se me empiezan a escapar por entre los párpados, por estos párpados que se me entrecierran. Y ya de tanto entrecerrar, se me cierran y se pegan, y ahí se quedan. Pero yo sigo, acá sigo, pensando en TODO.

nada de eso duele.

Lo que duele no son los sueños heridos, tampoco los amaneceres de sangre. No duelen las promesas rotas, ni las esperanzas pisoteadas. No duele el asfalto en la cara, o las cuatro paredes que nos rodeaban. Lo que duele no son las corridas, no son los horarios, ni siquiera las mentiras. Lo que duele no son las desiluciones, tampoco su desamor. Lo que duele no es la hipocresía, mucho menos que me usara. Lo que duele no son las heridas, no son los cortes, ni las quemaduras. Menos pueden doler, todavía, las palabras dulces, aunque de realidad tuvieran lo mismo que vos. Tampoco duele mi sinceridad, mi amor, ni mi apertura. No, nada de eso duele.