De plastilina.
Me encontraste cuando ya estaba algo gastada, reseca y sin color. Me tiraste un poquito de agua, y me amasaste para darme todas esas formas que necesitabas.
Un día, yo era un oído. Otro día, tenía forma de corazón. Alguna vez tallaste en mi el retrato de un amigo querido. A veces fui solo un par de brazos fuertes. Creo, que también llegué a ser una mano. Una noche, me descubrí cinco puntas, y de repente era una estrella; aproveché para robarme unos cuantos sueños y bajarlos para acá. Varias veces, fui dos zapatillas medio desgastadas, pero dispuestas a llevarte dónde sea. También me convertiste en ojo, a ver si veía lo que vos no. Fui una boca, innumerables veces, y dije e hice de todo. Me convertiste en una cabeza, y dedicaste tardes enteras a enterrarme papelitos con ideas. Alguna que otra vez, creo que fui un motor chiquito...en fin.
Comentarios
Publicar un comentario