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Mostrando entradas de marzo, 2011

Cinco Minutos.

Puse en marcha el reloj de la partida, tu en las negras yo en las blancas, y viceversa a la vez. Es el juego de los placeres personales modernos del siglo XXI, rápidos e intensos. Y así arrancamos, tú con el peón adelante, sumiso y remolón, y yo con el caballo en busca de victoria. El tiempo que avanza sobre la arena (si el reloj se quedara sin ella, sería feliz en el eterno). Son menos de diez minutos en total, dado que el juego se nos da así de rápido. Y, en esos diez minutos que a veces también se nos pueden hacer eternos, yo busco tu reina incansablemente, dado que es aquella que quiero tumbar, para ganar en este juego. Escurridiza reina que se me escapa, pero te la sigo sin dudar con este caballo que a veces hasta me resulta feroz. Y hasta ahí, esto parece solo un juego de dos. Cinco minutos por persona. A lo mejor eso es todo lo que se nos permite. A lo mejor eso es todo lo que podemos esperar. A lo mejor es que son sólo cinco minutos y nada más. Pero es que esa reina se me...

De plastilina.

Me encontraste cuando ya estaba algo gastada, reseca y sin color. Me tiraste un poquito de agua, y me amasaste para darme todas esas formas que necesitabas. Un día, yo era un oído. Otro día, tenía forma de corazón. Alguna vez tallaste en mi el retrato de un amigo querido. A veces fui solo un par de brazos fuertes. Creo, que también llegué a ser una mano. Una noche, me descubrí cinco puntas, y de repente era una estrella; aproveché para robarme unos cuantos sueños y bajarlos para acá. Varias veces, fui dos zapatillas medio desgastadas, pero dispuestas a llevarte dónde sea. También me convertiste en ojo, a ver si veía lo que vos no. Fui una boca, innumerables veces, y dije e hice de todo. Me convertiste en una cabeza, y dedicaste tardes enteras a enterrarme papelitos con ideas. Alguna que otra vez, creo que fui un motor chiquito...en fin.