niña.-

A todos nos gusta esta aniñada forma de ser.
La niña dorada llena tu cabeza de problemas, te inyecta lentamente el veneno letal que finalmente te alejará de ella.
La niña, que es tan dorada, brilla eternamente de una forma tan tan fría. Siempre tan fría al tacto, que se derrite al primer contacto con el fuego.
La empujan, alguien la tira al centro del volcán, donde por primera vez se siente atrapada, derritiéndose en su fuego líquido.
Pero no tarda en darse cuenta que ese volcán ya es antiguo, que hace mucho no conoce de fuegos y fulgores tan intensos. Ese volcán pronto comenzará a extinguirse convirtiendo todo a su alrededor en piedra.
Y, en un último intento por perdurar eternamente, la niña dorada se deja ir, derretir, fundirse junto a la lava, en un intento de permanecer eternamente piedra.

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