A la felicidad la golpea la rutina. A la rutina la persigue la decepción. A la decepción la baja el sufrimiento. Al sufrimiento lo noquea la frustración. A la frustración le cabe el odio. El odio CASI que no tiene remedio (solo, tal vez, un pétalo de la última flor azul madurada en el bosque el día de la primavera).
Del amor al odio hay más de un paso. Del odio al amor hay un millón. Pero todos se suceden tan de prisa que la noción del tiempo ya no es nada. Nos guía un olor tan dulce que empalaga, enfermizo y hermoso. Asqueroso.
Increiblemente, la mente guarda una mayor cantidad de recuerdos que los que esperamos. Recuerdo nítida, claramente cada uno de esos días. Y no solo en imágenes; también en palabras, colores, olores, sabores y sentimientos. Recuerdo cada paloma que voló, y cada una que miré. Recuerdo cada paso que dí, y casi cada palabra que dije. Recuerdo cada movimiento, los sutiles y los bruscos. Recuerdo cada acierto y cada error. Recuerdo cada lugar, cada pasto, banco, pared, plaza, ventana y edificio que me vio pasar. Recuerdo cada dedo, cada respiración y hasta cada mirada.
Cualquiera podría pensar, que si esto fuera Twitter, ahora vendría el hash #momentocursi. Pues no, nada más lejos de eso. Es expresión de furia, o tristeza, o frustración, o "comosellame". Es expresión de meses y meses que te pasan por al lado. Y cuando querés olvidar, en realidad seguís acumulando recuerdos. Y lo peor es que sos así, y después de todo solo acumulás los buenos. Entonces cuando de repente sentís esa inmensa necesidad (que todos tienen algún día cada tanto) de enojarte, sacarte, putear y demases cosas tan hermosas y liberadoras, te ponés a abrir tu basurero de la indignación y lo único que encontrás es una mosca que sale volando muy tranquila. Porque de esas no guardaste ni una. BOLUDA.
Del amor al odio hay más de un paso. Del odio al amor hay un millón. Pero todos se suceden tan de prisa que la noción del tiempo ya no es nada. Nos guía un olor tan dulce que empalaga, enfermizo y hermoso. Asqueroso.
Increiblemente, la mente guarda una mayor cantidad de recuerdos que los que esperamos. Recuerdo nítida, claramente cada uno de esos días. Y no solo en imágenes; también en palabras, colores, olores, sabores y sentimientos. Recuerdo cada paloma que voló, y cada una que miré. Recuerdo cada paso que dí, y casi cada palabra que dije. Recuerdo cada movimiento, los sutiles y los bruscos. Recuerdo cada acierto y cada error. Recuerdo cada lugar, cada pasto, banco, pared, plaza, ventana y edificio que me vio pasar. Recuerdo cada dedo, cada respiración y hasta cada mirada.
Cualquiera podría pensar, que si esto fuera Twitter, ahora vendría el hash #momentocursi. Pues no, nada más lejos de eso. Es expresión de furia, o tristeza, o frustración, o "comosellame". Es expresión de meses y meses que te pasan por al lado. Y cuando querés olvidar, en realidad seguís acumulando recuerdos. Y lo peor es que sos así, y después de todo solo acumulás los buenos. Entonces cuando de repente sentís esa inmensa necesidad (que todos tienen algún día cada tanto) de enojarte, sacarte, putear y demases cosas tan hermosas y liberadoras, te ponés a abrir tu basurero de la indignación y lo único que encontrás es una mosca que sale volando muy tranquila. Porque de esas no guardaste ni una. BOLUDA.
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