El niño del corazón de cartón .-


Él se consideraba distinto. No especial, simplemente diferente a los demás. No lograba darse cuenta si eso era bueno o malo. Había conocido muchos mejores, pero también muchos peores. Había sido complicada, su vida. Había estado acompañado, siempre. Había pasado las peores cosas, pero siempre y en cada una, alguien lo tomaba de la mano y le volvía a mostrar el camino. Y él se quedaba por ahí, pero solamente un ratito. Había conocido mucha, mucha gente. Todavía hoy se acuerda de todos, todos ellos los que le mostraron todos los caminos que se pueden caminar. Y él los caminó todos, los probó todos, y se divirtió en algunos. Otros lo hicieron sufrir, otros reir, otros llorar, o eso fue siempre lo que él pensó. Pero un día, un buen día, se dio cuenta que solamente sentía lo que le decían que debía sentir en cada situación. Si, siempre hay alguien ahí que lo agarra de la mano y lo devuelve al camino, solamente que él no sabe cuál es ese camino. No es un camino que haya elegido, no. No son sentimiento que haya elegido, tampoco. Él pensaba, pensaba mucho y leía, leía mucho sobre sentimientos. Sentimientos que a veces se le hacían contradictorios y que no entendía. Escuchaba sobre sentimientos, cantaba sobre ellos. Tocaba y creía que a esas cuerdas le ponía sentimiento. Los años lo fueron llevando, en un tobogán eterno de sentimientos rotos, confusos, que nunca terminaba de entender. En su fuero interno siempre se pregunta: ¿Es esto lo que la gente siente cuándo ama? ¿y cuando sufre, llora, ríe? ¿Es esto lo que yo debería estar sientiendo?
Pasan los años, y sigue viviendo así, con todas esas preguntas que nunca tendrán una respuesta. Y sigue así, sientiendo sentimientos que no cree sean suyos. Y muchas personas se lo dicen, a lo largo de su vida, pero no les cree. Hace lo que considera una vida normal, aún sin proponérselo. Forma una familia a la que él cree que quiere y cuida. Vive por sus ideales, que él cree que son suyos y de nadie más. Lucha por ser alguien, sin lograr jamás decidir quién quiere ser. Se ata a pocas cosas, unas tres o cuatro, podríamos numerar. Y vive su vida creyendo que en algunos momentos fue feliz. Pero cuando llega el momento, ese momento, ese último instante en el que los recuerdos se agolpan todos de repente en la frente, en ese único instante, cuando ya nada importa, es cuando logra reconocer: "tengo el corazón de cartón".

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