Despertar en un lugar extraño, ya era parte de la rutina habitual. Pero esa mañana, había algo diferente. Abrí los ojos, y tuve la extraña sensación de estar viéndome desde arriba. Desnuda, destapada, desparramado todo mi cuerpo en un colchón mugriento, en una habitación semi vacía. Al lado mío, dos personas, mujeres, también desnudas, duermen. Me duele el brazo. Bajo la mirada, para encontrar la ya conocida inflamación producida por los reiterados pinchazos de la noche anterior. Alrededor nuestro hay montones de cosas tiradas. Jeringas, cucharas amarillentas de tan quemadas, un rollo de papel aluminio arrugado, tres cajas de pizza, servilletas, vasos, botellas de cerveza, de whisky, de vodka, de tequila, y algo más que no llego a ver. Me siento en el colchón, está húmedo, pegajoso. Me paso una mano por el pelo, que también está húmedo y pegajoso. En frente mío, tirados en un sillón están ellos. Siempre son ellos. Están despiertos, mirando al vacío, quietos, callados. Me levanto y...